Alma y emociones.

El otro día en un taller estabamos creando una definición grupal de lo que es la emoción. Es complejo encontrar palabras para algo que está en el sentir, ahí las palabras no son tan amables para transmitir como en otros contextos. Generalmente cuando lo pregunto, las personas se quedan a la espera de algún concepto más o menos científico que les ayude a comprender, pero en esta ocasión buscando y buscando dieron una explicación tan bella: “desahogo del cuerpo”, “desahogo del alma”. Recordé automáticamente unos textos de astrología que el otro día leía, que hablaban de la energía de Cancer y ese reconocimiento emocional por el que pasamos cuando el sol transita por este signo. Lo que nos tocó hacer el mes pasado.
Una astróloga mencionaba que la emoción podía considerarse como el lenguaje del alma, que cuando aparecía, traía un mensaje sobre lo que nuestro ser necesitaba para seguir su proceso de evolución.
Si así fuera… se dan cuenta como hemos crecido en un sistema que nos quita esa capacidad de comunicarnos con nuestro propio ser. Nos heredan patrones conductuales que limitan el reconocimiento de lo que sentimos, y con ello nuestra alma queda presa e incomunicada en un cuerpo que la transporta, que solo ha aprendido a sobrevivir y a cumplir una función de producción desde la alienación total.
Les propongo un pequeño juego, la próxima vez que sientan una emoción sea cual sea, rabia, pena, alegría o miedo, imaginen que desde el centro de su pecho un pequeño/a ser (imaginenlo como mejor les guste) toca una puertita ahí, y les entrega un mensaje. Sin pedirle ayuda a nadie, sin pedirle la opinión a algún otro, descifrelo. Confie en lo que sea que haya entendido, confie en lo que aparecio ahí y anotelo. Tome ese mensaje y busque como responderle. La respuesta puede ser una acción, puede ser una frase, un gesto. No lo piense tanto y lo primero que aparezca en su cabeza hagalo.
Hemos crecido en una cultura que nos han inculcado tanto que la razón y la lóogica es el único camino. La intuición desde mi punto de vista y experiencia siempre termina por llevarnos al bienestar.
Y fue la intución de los participantes de este taller, la que los llevo a responder con una sabiduría ancestral, que todos tenemos y hemos olvidado.
Que urgente se ha vuelto que volvamos a confiar en nosotros mismos, en nosotras mismas.
Escuche-se.
plumas

¿y tú, tienes el coraje?

¿Que es una emoción? ¿Cómo podríamos explicarla?

Creo que preguntas como estas son las más complejas de responder. Nuestro lenguaje da para mucho, nos entrega grandes herramientas para poder expresarnos y comunicarnos con el otro, sin embargo, siempre nos queda cierta parte que no logramos expresar con las palabras. Creo que cuando hablamos de emociones, es el caso.

Hagan el experimento, y preguntenle a las personas que les rodean que entienden por emoción, probablemente ninguno pueda darle una respuesta clara (y pondrán una cara de incomodidad de no saber qué decir). Incluso los psicólogos podrán dudar cómo definirla, productos de las tantas teorías y modelos que se han establecido para poder definir lo afectivo. 

¿En algún momento de nuestras vidas alguien se detuvo a explicarnos que era una emoción, y que debíamos hacer con ellas? ¿Cómo las expresamos? Es algo que socialmente se omite, ya sea en la educación o en la intimidad de la familia.

Y qué pasa con eso? He llegado a pensar que ya que en ningún lado nos enseñan a conocer, manejar y expresar nuestras emociones, terminamos por “desconectarnos” (por decirlo de algún modo). Nadie nos enseña intencionalmente a poner límites emocionales que nos permitan relacionarnos de una manera autónoma desde y hacia el bienestar propio y del otro, por lo que finalmente terminamos por imitar lo que vemos, por heredar formas de relacionarse donde prima la dependencia emocional, la manipulación y la utilización del otro para llenar carencias propias.

Como nadie no enseña a protegernos de una forma sana, donde el límite vaya acorde a la situación y a la persona, a la primera situación en la que nos sentimos dañados por nuestro entorno, comenzamos la creación de una gran armadura que nos protegerá de todo.

Una armadura que se va a encargar de que ese mundo interior-emocional que nos caracteriza no sea afectado por el mundo exterior.

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Una armadura que se va formando en base a todas esas ideas que surgen de las malas experiencias: rechazos, humillaciones, traiciones… Diferente situaciones de daño.

Una armadura que si bien nos protege de no salir dañado en la interacción con el mundo (osea que otros nos dañen), no nos permite relacionarnos genuinamente con otros seres, ni nos permite mostrar nuestro auténtico yo (y entonces terminamos por dañarnos nosotros mismos).

El viaje hacia el interior, implica iniciar ese camino de reconocer nuestra armadura, de reconectarnos con ella, (ya que muchas veces lleva tantos años ahi que no se siente y olvidamos o nunca supimos que existía) apreciar en qué estado está, y desde ahí, seguir el paso a conocer lo que realmente somos.

Luego de tanto leer, autores de la Psicología tradicional, otros de la visión más transpersonal y libros espirituales, el Ego para mi se ha transformado en eso, en esa armadura que en la gran mayoría de los casos no permite que me relacione y me  muestre desde la autenticidad de lo que soy. Entiendo a la armadura, como ese compilado de creencias limitantes que no permiten que yo pueda desde mi esencia manifestarme en mi cotidianidad. ¿Porque no me permite la manifestación auténtica? Porque el Ego termina por construirse en base a dictámenes sociales y familiares:

  • “Debes estudiar en la universidad o no serás nadie”
  • “Si te dedicas al arte, te mueres de hambre”
  • “Si no bajas esos kilos, nadie te va a querer”
  • “Ser exitoso trae problemas”

Y una infinidad más…

Porque cada vez que nos rechazaron, se burlaron, nos miraron en menos, se fortaleció la idea de que mostrar lo que somos está mal.

Porque cada vez que hicimos algo que era “extraño” y la mayoría no hacía, las miradas y juicios, nos llevaron a seguir a la masa.

Porque desde pequeños nos dijeron tantas veces CALLATE, que de adultos esa vocecita interna ahora lo sigue diciendo, y sacar la voz se hace tan dificil.

Para poder conocernos, debemos tener el coraje de cuestionar todas esas creencias que construyeron nuestra armadura, y de a poco dejarlas caer.

Para poder conocernos, debemos conectar con nuestras emociones… esas olvidadas y dejadas de lado, atrevernos a sentir.

Hace casi dos años decidí iniciar ese camino, con el único fin de conocerme y aumentar mi sensación de bienestar con la vida, ¿y saben? ha sido tremenda aventura, y cada día comprendo que este viaje será por toda la existencia. Aun recuerdo lo desconectada que estaba de lo que sentía cuando empecé, era triste. Hoy, las emociones están presentes a cada momento, y me enseñan a seguir avanzando en este camino.

El otro día comentaba con una amiga y compañera de este viaje, esta nueva forma de pararnos en el mundo tan conectadas con el mundo, me costó mucho explicarlo en palabras y en eso, encontramos la siguiente imagen en redes sociales:

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Y lo gráfico tan bien. Somos cositas rosadas piloteando tremendota armadura. Cositas rosadas, desconectadas, desoladas…

Tú cosita rosada…
¿tienes el coraje de quitarte esa armadura?